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Hace unos días, tuvimos la primera formación de la historia para los embajadores de J-Serve en Argentina. Fue muy interesante y, durante la sesión, compartimos ideas sobre nuestro evento ideal de J-Serve y los valores que queríamos transmitir en nuestra comunidad. Se compartieron varias ideas inspiradoras con el grupo, pero no habíamos dado con una idea en la que todos estuvieran de acuerdo. Lo que más me cautivó fue un dilema moral que nos planteó nuestro mentor, el rabino Meir, para hacernos reflexionar. Nos preguntó qué era mejor: dar a 100 personas un billete de un dólar o ayudar a una sola persona con 100 dólares. Empezamos a debatir abiertamente los pros y los contras y a aportar argumentos y opiniones convincentes a favor de ayudar a más o menos personas. El rabino Meir compartió una reflexión: absolutamente toda acción tiene su reacción. Los judíos somos muy pocos en el mundo, pero se nos conoce por las acciones que realizamos y los valores que tenemos. En esencia, nos representan los actos que cometemos. Entonces, ¿qué generaría más impacto, ayudar a 100 personas o solo a un individuo? No se trata de la cantidad de dinero que se podría dar a cada uno, sino de la intención de ayudar al mayor número de personas posible.

Cuando pienso en la parashá de esta semana, la parashá Ki Tisá, reflexiono precisamente sobre esta cuestión. En esta porción leemos cómo Moisés bajó del monte Sinaí con los Diez Mandamientos y se encontró a los israelitas adorando un becerro de oro fabricado por ellos mismos. Los israelitas gastaron todo el dinero y la riqueza que habían acumulado en crear algo meramente egoísta y abominable. Rashi, el gran comentarista, explica que el dinero es como el fuego. Por un lado, tiene el potencial de dar calor y ayudar a las personas a preparar comida si es para eso para lo que se utiliza el dinero, pero también puede destruir propiedades y vidas si se utiliza incorrectamente. El dinero tiene el poder de construir y destruir. Una persona puede arruinar su vida y la de otros con su búsqueda de la riqueza. Si la riqueza se comparte y se utiliza para ayudar a los demás, sin importar la cantidad, puede tener un impacto en muchas personas y se pueden construir instituciones valiosas.

El valor numérico de la palabra «shekel», la moneda bíblica y actual de Israel, según la gematría es 430, el mismo que el de la palabra «nefesh» (alma), lo que simboliza que la entrega de la moneda es la entrega del alma. Los israelitas entregaron todo su oro y dedicaron toda su alma a la construcción de estatuas paganas, perdiendo la confianza y el respeto hacia Dios, movidos por el miedo.

Por lo tanto, esta parashá nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre qué parte de nuestra alma estamos dispuestos a sacrificar y por qué. Somos el impacto que generan nuestras acciones, así que utilicemos nuestra riqueza, tanto material como emocional, para contribuir a cumplir nuestra misión terrenal de Tikún Olám (reparar el mundo). Tal y como dijo el rabino Meir, siempre debemos ayudar a tantas personas como podamos, pase lo que pase, porque cada pequeño gesto puede cambiar el mundo.

Shabat Shalom,

Iván Stern

Capítulo Shaliach

BBYO

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